
“Le sexe qui parle”, escrita y dirigida por Fréderic Lansanc, 1975
He decidido que en el blog iré reseñando alguns películas que también aparcen en mi libro de próxima publicación PORNO PARA MUEJRES. Hoy os quiero hablar de una pelicula en la que la protagonista dice, literalmente, lo que le sale del coño. Y no es que me haya vuelto grosera al utilizar esta expresión, es que Joelle, la parisina treintañera protagonista de este mostrenco film, es la dueña de una vagina parlante (el irritante don de la palabra, algo que seguro que aterroriza mucho más a los hombres que el mito de la “vagina dentata”) que la incita a cometer todo tipo de actos sexuales. Los labios inferiores de Joelle son irónicos, maleducados, irreverentes y se atreven a decir todo lo que sus hermanos de más arriba han tenido que callarse, incluso a llamar a su marido, Eric, imbécil, inútil, mal amante y otras lindezas en cuanto se le presenta la ocasión.
Los discursos de su vagina, claramente insatisfecha por culpa del mal hacer de su marido, llevan a Joelle a practicar felaciones por sorpresa a sus compañeros de trabajo, a tocarse delante de los amigos de Eric y a tener experiencias furtivas de todo tipo. El sexo parlante incluso tiene un punto de vista propio, un plano que se repite varias veces durante la película en el que podemos ver no solo lo que la vagina ve (sexos, caras, etcétera) si no también de la misma manera en la que ella lo ve, es decir: en un plano máscara en forma de almendra puesta en vertical. Una mezcla de atrevimiento, bizarría, modernidad y sentido del humor muy poco extendidos (sobre todo este último) en el cine de factura X.
Cuando Eric se da cuenta de que la nueva boca de su mujer no está dispuesta a callarse, decide que los dos (o los tres, según se mire) deben visitar a una psicoanalista para hacer frente a esta extraña patología fruto, sin duda, de un trauma sexual. Por supuesto la reunión acaba sin sacar nada en claro y con erótico resultado, pero posteriormente la doctora hace pública la existencia de la vagina parlante en una multitudinaria rueda de prensa, y los medios se revolucionan de tal manera que obligan a Eric y Joelle a salir de la ciudad. Durante la huía, pasan una de las noches en un hotel donde tiene lugar una de las mejores escenas de la película: mientras Joelle duerme, su sexo y Eric tienen una conversación con intenciones apaciguadoras en la que la vagina cuenta a Eric como era su vida sexual antes de conocerle y lo bien que se lo solían pasar, y le deja claro que no hay posibilidad de entendimiento con un amante tan aburrido como él. Entonces Eric decide darle todo su significado al concepto “batalla de los sexos” e intenta callar la segunda boca de Joelle ahogándola a base de introducir en ella su propio pene. No os vamos a revelar el final (con lo difícil que es encontrar una película porno que lo tenga, ¡como para destriparlo!) pero es tan sorprendente como divertido.
“El sexo que habla” dio algo de sentido en la vieja Europa al término de “porno chic” y se convirtió en la película de moda gracias, en parte, al momento de distensión que vivía la censura francesa, que propició un aumento de la producción de cine X y el éxodo masivos de españolitos cada fin de semana que, aún bajo el ala protectora de la moralidad de la dictadura franquista, se escapaban más allá de los pirineos para ver cine subido de tono.
La banda sonora de la película, mezcla de piezas de jazz, easy listening y disco para las escenas más moviditas, merece una mención aparte.
Una curiosidad: diez años después, en 1985, el director de cine más bizarro de la piel de toro, Jess Franco, estrenó “El ojete de Lulú”, un montaje donde cuenta la historia del ano de Lulú Laverne (interpretada por Linda Romay) que reclama una parte de la atención que le dedican a su acaparador agujero vecino. Y es que quien no llora no mama, ya lo dice el refrán.
Puedes ver la peli en streaming o bajártela con mis amigos de hotmovies.com

Thanks for this classic. Cool movie! What else do you propose?
C.